Miedo a la muerte

Miedo a la muerte

El hallazgo clave del estudio fue que el cerebro se niega a conectar la muerte con el yo.


Al registrar actividad de ondas beta del cerebro en el momento del miedo mortal, los investigadores demostraron la existencia del mecanismo que neutraliza el miedo.

Dor-Ziderman, de la Universidad de Bar-Ilan, ha pasado los últimos años estudiando la forma en que la gente trata con la muerte. En la revista científica NeuroImage analiza un estudio que él y sus compañeros de investigación llevaron a cabo. Y que reveló el mecanismo que emplea el cerebro humano para proteger a las personas de aceptar su propia mortalidad.

El concepto clave es la importancia de la mortalidad, el momento en que se toma conciencia de la muerte y el mecanismo defensivo del cerebro. “El estudio muestra que el cerebro tiene una creencia inconsciente básica de que la muerte es algo que le pasa a otros. No a mí”, dijo. “Y esa creencia se activa cada vez que entramos en contacto con algo que podría recordarnos la muerte. Reprimimos su relación con nosotros y la proyectamos hacia los demás, y eso nos protege. El estudio me hizo comprender no sólo cómo el cerebro interpreta constantemente la realidad para construir una historia. Sino cuán fundamental es el mecanismo de negación de la mortalidad para nuestra conciencia y nuestro cerebro”.

Dor-Ziderman simplifica algo que ya sabemos instintivamente: si hubiéramos sido conscientes de la muerte en un momento dado, la vida habría sido inconmensurablemente más dura. Los animales, no son conscientes de su eventual muerte. Los humanos lo son, pero la evolución ha producido mecanismos de represión que nos permiten operar a pesar de ese conocimiento. Están trabajando constantemente, por ejemplo, cuando uno pasa por un cementerio o mira un obituario mientras lee el periódico matutino. La muerte es reconocida e inmediatamente rechazada a través del desapego emocional sistemático que convierte la muerte en algo que le sucede a los demás. En lo que a nosotros respecta, viviremos para siempre.

El estudio se realizó usando magnetoencefalografía (MEG), una técnica de neuroimagen para mapear la actividad cerebral a través de campos magnéticos. Voluntarios fueron instruidos para mirar una pantalla en la que se imponía la imagen de un extraño. Esto junto con palabras al azar, la mitad de las cuales tenían una conexión con la muerte. Luego, una foto de los propios voluntarios fue mostrada inesperadamente, junto con una palabra relacionada con la muerte, como “tumba” o “funeral”.

Los investigadores rastrearon toda la actividad cerebral usando 248 sensores. Descubrieron que las imágenes de extraños, sin importar las palabras mostradas, creaban un tipo de actividad. Mientras que la imagen del individuo, sólo en conexión con una palabra relacionada con la muerte, creaba otro tipo de actividad inusual muy diferente. En el laboratorio, lograron duplicar la sensación de miedo mortal, esa sensación que el cerebro suprime con mayor éxito en la vida real. Lograron esto haciendo que los participantes se enfrenten a su propia mortalidad. Y registraron ese breve momento de actividad cerebral antes de que entre en juego el mecanismo de negación del cerebro.

El hallazgo clave fue que el cerebro se niega a conectar la muerte con el yo, o predecir que el yo es finito, dijo Dor-Ziderman. “El yo sabe que sus semejantes morirán, pero no él”, dijo. Y por lo tanto siempre categorizará la información relacionada con la muerte como algo que sólo se relaciona con otros. “El miedo a la muerte es el momento en que nuestra definición de la muerte como algo que sólo ocurre a otras personas se interrumpe. La predicción no se actualizó y el cerebro no pudo suavizar el golpe como lo hace normalmente”.

Aunque el estudio le hizo dejar de creer en la vida después de la muerte, también cambió su vida de otras maneras, dijo Dor-Ziderman. “…cuando pongo a mis hijos a dormir por la noche y contemplo mi muerte inevitable y la realización de que puede suceder en cualquier momento. Esos minutos que paso con ellos, leerle cuentos, abrazar, cantar una canción de cuna, no tienen precio, precisamente porque mi tiempo con ellos es limitado”.

Fte.   Latamisrael
Jaime Yacov

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