Costumbres Argentinas: Asado, Truco, Fútbol e Inflación

Costumbres Argentinas.

En este país hay costumbres muy argentinas, muy nuestras, que definitivamente nos caracterizan internamente y externamente. Con estas, hemos crecido y actualmente son parte de nuestra vida, detallando entre otras: el asado, el fútbol, el truco…y la inflación.


Recuerdo que era chico y mis padres hablaban de la inflación y la imposibilidad del país para bajarla. La inflación es un aumento sostenido a lo largo del tiempo y generalizado de precios, en la gran mayoría de los bienes y servicios. Cuando los hechos que nos rodean se mantienen a lo largo del tiempo, empiezan a tornarse normales, tolerables, habituales. Llevamos muchos  años sin poder controlar la inflación. Entonces daría la impresión que es una variable con la cual nuestros gobiernos y la sociedad se acostumbraron a vivir o sobrevivir.

Por otro lado, cuando uno analiza qué ocurre a lo largo del mundo en general, concluye que la inflación es una variable controlada. En la gran mayoría de los países, la inflación está bajo control desde hace varios años. Entonces, ¿por qué no podemos controlarla en Argentina?

Sin duda cada nación tiene sus particularidades. Podríamos entonces decir, inocentemente o no, que la Argentina es un país particular. Y claro que sí, pero hay que distinguir muy bien los motivos de nuestra singularidad. Somos singulares; pero no porque tengamos un problema especial que ningún país del mundo enfrente o haya enfrentado. Tal vez nos gustaría concluir que nuestra inflación es indomable, pero eso no es cierto. Somos singulares debido a que no tenemos ni tuvimos la capacidad de resolver la misma.

El primer paso para solucionar cualquier problema ya sea de la vida particular, social o nacional, es reconocer que existe un desafío. Y que el mismo amerita ser resuelto. La inflación se genera porque hay un exceso de pesos circulando en la economía, por sobre la demanda de estos pesos. La gente se va a deshacer de esto comprando bienes o contratando servicios. Esto presiona sobre los precios de los bienes y servicios que produce dicha economía, generando un aumento de los mismos. Y, por ende, al ser este exceso casi una constante, tenemos inflación.

Este proceso generalmente se inicia porque el gobierno necesita financiar el déficit fiscal, o sea, los gastos son mayores que los ingresos del gobierno. Y emiten dinero para poder hacer frente a estas obligaciones. Este déficit fiscal es y fue a lo largo de la historia Argentina prácticamente una constante. Controlando el mismo, se puede bajar y mantener a raya la inflación.

Ahora bien, es muy importante tener presente que la inflación castiga relativamente más a la población de ingresos bajos y medios. Estos son los que proporcionalmente gastan más de sus ingresos y por ende tienen menos capacidad de ahorro y de cobertura ante la misma. Lo que en definitiva repercute deteriorando aún más a estos sectores.

Por ejemplo: una familia que gana por mes $100, destina para consumo $40, es decir el 40% de sus ingresos, ahorrando el resto. Una familia pobre gana $20 y gasta $15, o sea el 75% e sus ingresos. Al haber inflación, se hace cada vez más caro consumir. Y entonces, la familia que destina mayor porcentaje de sus ingresos para vivir, se verá más afectada. Tenga en cuenta el lector que generalmente los ingresos de los sectores bajos y medios muchas veces no logran compensar el crecimiento inflacionario.

Se genera entonces un círculo, vicioso en lugar de virtuoso. Pues la necesidad de cubrir dentro de los gastos del gobierno a los sectores más débiles, de distintas formas, genera mayor déficit, mayor emisión. Más inflación. Y tal como vimos en el ejemplo, termina perjudicando a los sectores de ingresos más bajos.

Hay que planificar para el mediano y largo plazo transitando lo coyuntural con un objetivo claro, teniendo presente que es un camino largo. Pero posible, pues muchos países lo han resuelto de forma satisfactoria. Espero que en unos años a las costumbres Argentinas podamos sacarle la palabra inflación y sumarle las palabras estabilidad y crecimiento.

Por Gabriel Fridrij.
Economista.
CEO de Authentica Consulting.

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