Almuerzos Gratis

No existen los almuerzos gratis. Es una de las primeras cosas que uno aprende cuando entra a estudiar la licenciatura en economía, que todo tiene un costo. Aceptes verlo o no, cada cosa que obtengas, cada experiencia que vivas, es a costa de algo.


Hace unos años, un amigo cercano invitó a cenar a una señorita. Era una mujer preciosa, siempre elegante y muy despierta; así que la llevó a un buen restaurante. Cuando vino el mozo, ordenaron:

El:_ “Para mí un bife de chorizo con fritas”.

Ella:_ “Yo voy a querer, de entrada Caviar Rojo de Beluga, y los cubos de Salmón sobre colchón de Sésamo y brotes de soja. Luego, de primer plato, el medallón de lomo con papines del altiplano horneados”.

El (boquiabierto):_ “¿Algo más?”

Ella:_ “Ay si, gracias por hacerme acordar. De postre tráigame el helado de frutos rojos en rejilla de chocolate con ralladuras de trufa de la Toscana. Y para beber un “Très Cher” rosado. Ah, y una copa de champagne entre el pescado y la carne”.

Mozo:_ “¿El señor va a beber algo?”

El (sin aliento):_ “Agua mineral”.

A esa altura mi amigo sólo pensaba en el resto del mes a fideos; pero alcanzó a preguntar:

_ Decime, cuando a vos te invitan a cenar tus parientes ¿también pides así?

_ No; pero ninguno de ellos tiene segundas intenciones conmigo.

Nada es gratis; pero si aun así estoy dispuesto a sacrificarme por ello, es que el beneficio que espero es mayor que cualquier costo. Por eso los emprendedores pasan años luchando por el sueño en el que creen. Pero no siempre saben realmente cuánto les cuesta lo que les cuesta.

La mayoría cuando comienza un emprendimiento hace sus números anotando sólo lo que les sale dinero a ojos vista. Es un error que vemos siempre: la valuación sólo por lo que explícitamente parecen costar las cosas. Este enfoque contable de los costos es totalmente ineficiente a la hora de tomar decisiones y ha llevado al desastre a decenas de emprendedores. Lamentablemente, nos toca más de una vez tener que salir en auxilio de quienes han evaluado sus acciones de esta forma. Digo lamentablemente porque no es una situación agradable tener que enfrentar a un empresario con sus errores y muchas veces decirle que debe bajar persianas y comenzar de nuevo.

El dinero contante y sonante es una trampa a la hora de tomar decisiones, va de la mano con pensar que estás creciendo sólo porque la suma que pagas es menor que la que te ingresa.

Tras de ello, hay emprendedores que sin necesitarlo en lo inmediato toman un segundo trabajo en pos de una mejora que no deja de ser temporal. Y que a largo plazo puede ser nefasta, ayudándoles a pagar cuentas a costa de sus sueños. Porque los ingresos adicionales tienen un costo que no figura en ningún recibo: el foco que pierdo, los sueños que postergo, lo que dejó de hacer por mi “Yo” del futuro por saciar mi “Yo” en este momento.

El salir de casa cuando los hijos duermen, y volver sólo para decirles buenas noches, para repetir la misma rutina una y otra vez, es lo que pagan muchos por dedicar tiempo a su emprendimiento. El embrutecerse al postergar tiempo de estudio y lectura es lo que pagan muchos por dedicar tiempo a su emprendimiento. El perder la salud por un proyecto es lo que pagan muchos por dedicar tiempo a su emprendimiento. Aunque en este caso, el costo sea más claro: una muy buena obra social, una cuenta de tranquilizantes en la farmacia, una cirugía de colocación de stent…

Cuando las cosas me van demasiado bien tengo que disfrutar; pero pensando qué escapa a mi vista para prevenir una caída. Cuando las cosas van demasiado mal, debo pensar qué escapó a mi vista en su momento. Recuerden, lo que pierdo al tomar una decisión, es el costo de esa decisión. Porque siempre decidimos, entre hacer dos cosas, entre hacerlas ahora o hacerlas después, o entre hacer y no hacer. Si tuviese que resumir mi trabajo como consultor, lo circunscribiría a eso. Cuando te traen un inconveniente, ayudar a identificar los problemas que traen los problemas. No es tan complicado, hay que aprender a prestar atención a aquello que creemos no ver.

Hernan Kriscautzky
Economista Esp. en Conducta
y Desarrollo de Emprendimientos.

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