El secreto de Anestesia

El secreto de Anestesia

El artista del quirófano es el cirujano jefe. Pero quien te mantiene vivo, dormido y sin dolor es el médico especialista que unos llaman anestesista, aunque es más preciso llamarle anestesiólogo.


Fue el doctor odontólogo Horace Wells quien comenzó a utilizar el óxido nitroso como anestesia. Todo comenzó con el autotitulado profesor y químico Gardner Q. Colton, quien en sus espectáculos de entretención administraba este gas a voluntarios del público. Esto los ponía en un estado de euforia y excitación, y perdían sus inhibiciones, lo cual deleitaba al público. En una ocasión, uno de los voluntarios bajo el efecto del gas se hirió y el doctor Wells observó que no sentía dolor. Fue entonces cuando Wells decidió comprobar por sí mismo si el óxido nitroso eliminaba el dolor. El 11 de diciembre de 1844, tras aspirar el gas, su ayudante John Riggs le practicó una extracción dental, sin dolor ni quejas. Al despertar, Wells exclamó: «Una nueva era para la extracción de órganos dentales».

El 16 de octubre de 1846 fue William Morton, ayudante de Wells, quien realizó una exitosa demostración del uso de la anestesia. Se la aplicó a un paciente del doctor John Collins Warren. El doctor Warren pudo eliminar un tumor del cuello de su paciente sin que este sintiera dolor alguno. Desde entonces, Morton se dedicó a administrar anestesia, ocultando el tipo de gas que usaba (que él llamaba “letheon”). Quería la exclusividad pero se vio forzado a revelar que se trataba de éter. Desde ese momento, el uso de éter se difundió rápidamente y se hizo popular.

En diciembre de 1847, en un hospital de Edimburgo, el tocólogo James Simpson y su compañero Dunkan practicaron el primer parto sin dolor empleando cloroformo. El éter ya había sido probado ese mismo año comprobando que a pesar de quedar dormida la paciente las contracciones del parto continuaban con normalidad. El éter provocaba efectos secundarios que incitaron a Simpson a buscar otro gas sin la tos que surgía después de inhalar grandes cantidades de éter. La madre estuvo tan agradecida de la experiencia de parto sin dolor que llamó a su hija “Anestesia”.

Fte.  web
María Eugenia Tapia

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