Sesgos mentales de cada día

Además del sesgo de disponibilidad, que generaliza a partir de anécdotas o del primer dato a mano, existen otros resbalones del cerebro. Sesgos de confirmación, anclaje, presente y egocentrismo son algunas de las trampas de las que hay que tomar conciencia y vigilarnos.


El sesgo de confirmación provoca que nos inclinemos a escuchar, leer, buscar o recordar información que confirma nuestras creencias. Con el masivo uso de las redes sociales, este sesgo se ha vuelto aún más común. La razón es que tendemos a comunicarnos con otros que tienen ideas similares y que reafirman constantemente nuestra visión del mundo. Vamos eligiendo contenidos informativos o recreativos que están de acuerdo con nuestros intereses, hasta creer que nuestros amigos representan a la gran mayoría.

También es bastante común que influya con mayor fuerza en nuestras opiniones la primera información que recibimos. Se trata de un fenómeno definido como el sesgo del anclaje. Por ejemplo, el primer número que aparece sobre la mesa en una negociación, generalmente se convierte en un punto de anclaje. En torno a él girará el resto de los argumentos. Y muchas veces se hace difícil alejarse de aquél primer número mencionado. Esto ocurre cuando estamos frente a tres tamaños de vasos de café. Uno se fija en nuestra mente como referente y medida de los otros “alternativos”.

El sesgo presente hace que le prestemos atención a lo que está pasando ahora, sin que nos preocupe el futuro. Un ejemplo típico es la gente que prefiere gastar el dinero en este momento en vez de ahorrar. Se han hecho varios experimentos donde a una persona le ofrecen, por ejemplo, US$100 dólares hoy o US$200 en un año más. La mayoría prefiere el dinero hoy, aunque reciba una cantidad menor.

El sesgo egocéntrico ocurre cuando las personas tienden a darse crédito por los éxitos, pero culpan de los fracasos a otras personas. O a causas externas. Si nos va bien en un proyecto, probablemente asumimos que se debe a que trabajamos intensamente. Y entonces nos merecemos el éxito. Pero cuando las cosas salen mal, es más probable que pensemos que fue la “mala suerte” o salgamos a buscar responsables. En un extremo incluso podemos salir a culpar a una abstracción metafísica como es “el sistema” o supuestas conspiraciones ocultas nacidas para perjudicarnos.

Fte.   BBC
Martín Opazo

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